El viaje en el tiempo del segundo Roxy Fest

 

La historia del Roxy Fest 2018 se comenzó a escribir en los setenta,  y en Londres, sí, de verdad, y más adelante a finales de esa misma década, siguió en construcción. Luego en 1984  y 1985 continuaba, cronológicamente hablando, 1989, 1991, 1996, 2001, 2002, 2007 y finalmente en 2016, año en que lanzó su primer material Icari, la encargada de iniciar el festejo que por tantos años se estuvo cocinando.

Ya sé que estarán pensando qué tiene que ver todo esto, pero prometo que tiene un punto, y comenzaré a contarles.

El Roxy Fest vio la luz el año pasado, en 2017, dejando una vara muy alta al haber traído a Morrisey, Placebo, Empire of the Sun, Fito Paez y el maravilloso show favorito de toda mi vida: el de James. Entre otros. Entonces, tenía un reto muy grande a superar. De entrada estar en una plaza tan difícil como Guadalajara es un desafío interesante, pero cuando logran conquistarnos el corazón, somos buen público, y en mi opinión, el Roxy ya se está ganando un gran espacio en el melómano corazón de los tapatíos.

En 2017, y con el aún reciente duelo por Bowie, todo el fest se pintó a lo David y el tributo a su paso por este humilde planeta que lo acogió por 69 años. Entonces entendimos por donde iba el Roxy: por la nostalgia, y nosotros encantados de recibirla. Así pues, para 2018 se anunció que el tributo de este año sería a Freddie Mercury, y pues ya se imaginaran qué emoción. Sabíamos que por un momento viajaríamos a 1970, donde comenzó esta historia que vivimos el pasado 21 de abril.

Como les contaba, Icari se encargó de abrir punta a lo que serían más de 14 horas de música ininterrumpida, y qué manera de comenzar. El nuevo foro que recibió al festival, al principio me puso a dudar, la verdad es que desde que Trasloma dejó de figurar, hemos estado experimentando distintos lugares y no todos han sido lo suficientemente aptos para un festival que aloja bandas de tal nivel.

Pero en fin, sobre el foro hablaré más adelante.

Icari se entregó por completo al público durante 45 minutos. El sol era implacable, como ella lo fue en el escenario al demostrar ese gran talento con el que muy dignamente representó a la ciudad natal del Roxy, no solo un show musical. Preparó un completo espectáculo, perfecto para iniciar con el pie derecho.

 

 

Siguiendo como anfitriones de primer nivel, Technicolor Fabrics subió al escenario y tocó sus éxitos. Mientras la gente comenzaba a disfrutar de su música y del evento, a recorrerlo y descubrir qué nos tenían preparado para esta edición.

Temas como Ruleta,Globos, Tiernos, Fuma, en fin, una combinación de canciones que han aparecido a lo largo de su carrera que comenzó en 2007, engalanaron su presentación que se sintió más como un día en la playa con amigos que un festival.

Llegó el momento de trasladarse a los ochenta, con La Unión. Había algunas personas que portaban una playera con la palabra “Chavorruco”, pero yo creo que con La Unión todos nos sentimos chavos, no rucos. Con adaptaciones distintas a lo acostumbrado, salieron al escenario e interpretaron los temas que los convirtieron en una de las bandas de lo que podría ser el New Wave versión española de aquella década. La más coreada, sin duda, fue el -también sin duda- más grande éxito de la agrupación, sí, el “Lobo hombre en París”, aunque personalmente, la versión interpretada no me gustó del todo, hubiera preferido escuchar una  más cercana a la original, ya que estábamos en eso de revivir las grandes canciones con las que crecimos. Pero todavía no es hora de llegar ahí.

En el escenario alterno también había propuestas interesantes que escuchar, y casi a la par, sonaba The Warning, una banda que me dejó con la boca abierta, mucha energía en un power trío femenino originario de Monterrey, de verdad, una de las presentaciones con más vitalidad de este Roxy Fest.

Seguimos avanzando en la línea de tiempo en desorden que era este evento y llegamos a los noventa, nos estacionamos solo un momento, porque aquello era más una combinación de épocas. La década noventera vio nacer a Plastilina Mosh, pero los años y la terquedad conjunta con el talento de Jonáz, no lo dejaron desaparecer, sino todo lo contrario. El calor de la Terraza Vallarta estaba en su punto, no en los 45 grados, pero justo para disfrutar del baile, y el recorrido de éxitos que nos llevó a saborear el músico que salió bien acompañado (por Eddie González) por una banda que le puso toda la candela a una calurosa tarde de abril en Guadalajara. Y así escuchamos el repaso por los temas que han sido parte tanto de esta etapa de solista, como de su paso por Plastilina Mosh y A.B.O.B.

El calor aumentaba y el talento sobre las tarimas más. Llegó el turno de Antonio Sánchez & Migration Band, mucho Jazz de parte de uno de los mejores bateristas del mundo en su género, era de esperarse que éste sería todo un espectáculo. Y no nos falló.

Crew Peligrosos se hizo presente en el escenario Guadalajara / Zapopan y honestamente, arrasó, ya Irken nos había dicho que pusiéramos atención al proyecto, pero ya saben que uno a veces hasta no ver no creer, pero en el Roxy Fest comprobamos el buen ojo y gusto que hay en Tragos de Rock. Eso sin contar con la fuerte oleada hip hopera que está avanzando a nivel mundial. Pues ¡Nos encantaron los colombianos!

Ya sentíamos que llevábamos mucho camino recorrido, pero la verdad era que no íbamos ni a la mitad del festín musical.

Cuando paramos un poco a refrescarnos y Mario dijo: “Sigue Cuarteto de Nos”, mi cara fue de sorpresa, por distraída y olvidadiza, no recordaba que estuvieran en el cartel, así que me puse feliz y me dispuse a ingresar al photo pit para hacerles algunas fotografías. Es una de esas bandas que de verles en el escenario sabes que lo disfrutan, se nota que les gusta lo que hacen y así lo transmiten.

Empezaba a haber más concurrencia en Terraza Vallarta y nos preguntamos ( y comparamos) como estaba la situación respecto a la edición 2017. Desde las 5 de la tarde ya se podía notar que estaban superando su primer festival, por lo menos en asistencia.

 

Con el sol aún sin intenciones de ocultarse llegó el momento de volver en el tiempo. Les conté que a finales de la década de los setenta la historia seguía ¿Por qué? En ese año se formó la banda en la que comenzó su carrera el gran Peter Murphy: Bauhaus. Y sí, justo vino a festejar 40 años de este acontecimiento. Nunca había tenido esa sensación de disfrutar con casi todos los sentidos el tomar fotos de un show. No exagero cuando les digo que a Peter lo vi como un reto, luego todo fluía como agua, sus movimientos tan calculados, su mirada tan intensa que se clavaba y de repente parecía observarme, y hasta me intimidaba, debo aceptar. Los musicazos que lo acompañan, la vibra oscura de su show, su inigualable voz. Nada, ni el intenso sol que caía sobre nosotros a las casi 6 de la tarde en un horario de verano, nos impidió disfrutar de ese show que tenía todo.

 

Estaba por llegar otro de mis momentos favoritos y yo ni en cuenta. El viaje ochentero regresó, ahora con Erasure, que desde el segundo uno de aparecer ante nuestros ojos, se robó todas las miradas, luego los oídos y finalmente nuestros corazones. Era uno de los shows que se comentaba más esperaban los asistentes, y por mucho lo merecía. El dúo integrado por Andy y Vince interpretó su éxitos y nos puso a bailar, sí, había calor, pero era del que se disfruta, el sudor qué, también es accesorio a la tremenda fiesta que estábamos viviendo, era un espectáculo ver los pasos de Andy, sus piruetas y movimientos que no hacían más que contagiarnos, se adueñó del escenario por completo y nosotros debíamos responder al llamado.

Entonces comenzó a sonar “Little Respect” ¡Una de mis canciones favoritas en toda la vida! Y también para ese entonces ya estábamos casi toda la familia, una razón más para sentir ese momento como uno de los mejores del festival. Y es que no todo es la música, también es con quién lo compartimos lo que hace perfecto un festival.

 

   

 

Avanzamos demasiado en el tiempo (en sentido figurado) Pues nos trasladamos a 2009 con Sublime with Rome, la combinación de miembros de Sublime y Rome, básicamente. Además de ese paseo por diferentes géneros, pues comenzamos escuchando algo parecido al Happy Punk, Punk y sin pensarlo sonaba Reggae, hubo Hip Hop y hasta Ska, bastante interesante su aparición en el festival.

Venía uno de los momentos más esperados, la hora del tributo, la oficial, porque todo el festival era en honor a un grande.

 

Y así, con la noche comenzando a caer, apareció la silueta de Pablo Padín, idéntica (o eso pensamos) al gran Freddie. Para ese entonces Mario y yo ya estábamos en el photo pit emocionados y con la lente lista.

“¿Te imaginas, los que pudieron tomar fotos al verdadero Freddie Mercury?”, me dijo Mario,  y quizá puedo imaginar la emoción, la adrenalina y responsabilidad que sintieron esos afortunados. Ahora, los que tenemos la posibilidad de capturar un momento en un show en vivo, no solo contamos con mejores y más prácticas herramientas, también hay más posibilidades, ya no es tan complicado tener un photo pass, y quiero creer que ello lo vuelve más accesible de alguna manera. Pues la gente que pudo fotografiar a Queen, no tenía nada de eso, ni siquiera la posibilidad de ver un previo de la foto al instante de tomarla, corrían con el riesgo de perder ese preciado momento en el proceso de revelado, etc. No. La verdad es que ahora que lo pienso, no puedo imaginarlo.

El punto era que estábamos ahí, en el pit capturando un momento que parecía totalmente de otra época y la vibra junto a la sensación de que tienes todo lo que necesitas para ser feliz en ese instante, son algo que difícilmente cambias por otra cosa. El público entonaba las canciones con esa emoción que te pone la piel chinita, porque sabes que hay magia en el ambiente, que a todos nos pasa por la mente: “Los movimientos que hace son idénticos” (aunque jamás vimos a Mercury en vivo), quizá pensamos “Cuánto tiempo de práctica le tomó a Pablo meterse en el papel”, y muchas cosas más. Ser una banda tributo tan fiel a lo que podemos ver en vídeos de Queen, los vuelve un show único en el mundo que difícilmente puede decepcionar. Dan repaso a los grandes hits, y de verdad, la interpretación de parte de todos los músicos en escena es increíble.

Cuando comenzó a sonar We Will Rock You y el clásico sonido que hacemos con palmas y pies, de ley, como si estuviera en alguna escritura de la historia de la humanidad, porque casi casi nacimos con el chip de hacer eso al comenzar a escucharla, parecía que lo ensayamos incluso, era tan de todos los que estábamos ahí, y no perderíamos ocasión de cantar y aplaudir…y vivir nuestro momento, claro.

Tras varios cambios de vestuario, mucho baile y el entonar casi todas las canciones a la par público y banda, el hipnótico show parecía estar por terminar “qué raro, se sintió como si hubiera durado 10 minutos solamente”, pensé; la banda salió del escenario para luego regresar un par de veces. La última fue la mejor, yo ya estaba por entrar al pit para viajar a 1989, donde comenzó el show que estaba a punto de capturar: la presentación de Richard Ashcorft, pero entonces me interrumpieron los primeros acordes de “Don’t Stop Me Now”, mi canción favorita de Queen y que, además, me trae recuerdos lindos de varias etapas de mi vida, uno de ellos con Christian, quien estaba ahí a unos metros, entonces corrí porque necesitaba cantarla con él. Quiero pensar que a miles de los que estábamos ahí les pasó algo parecido, ojalá que su persona favorita para escuchar a Queen, haya estado a su lado también esa noche. Así el Roxy nos cumplía lo prometido: un festival dedicado a Mercury, y así lo sentimos, se lo llevó por completo sin estar presente físicamente, lo hizo como ha estado desde 1991, año en que dejó este plano: adueñándose de nuestros corazones.

 

Entonces tocaba turno a Richard quien desde principios de los dos mil anda como solista por la vida, salió acompañado de una gran banda de músicos con los cuales se conjunta perfectamente y nos regaló un show con éxitos de su carrera en solitario y de The Verve, como era de esperarse. Ya llevábamos algunos grandes éxitos de la historia de la música embolsados para esas horas de la noche cuando comenzó a sonar Bittersweet Symphony, y el sentir el viaje en el tiempo me hizo comprender por completo la esencia del Roxy, que es eso prácticamente, un conjunto de recuerdos, pero también de ver una realidad: no dejamos de añorar y querer a las grandes bandas que son el cimiento de nuestra prolifera historia musical.

Estaban muy cerca los shows más esperados, las cabezas del cartel, pero antes en el escenario Guadalajara / Zapopan había una big band llamada “Roxy Hip Hop Jazz Band”, grandes nombres como: Charles Ans, Gordo Fu, Arturo de la Torre, Troker, Dj Zero, aparecían en la lista y ¡uf! el imaginar esa combinación nos hizo caminar y estar presentes para ver el explosivo comienzo de la presentación de este combo formado por primera (y esperemos no única) ocasión por el Roxy Fest.

Hubiéramos querido quedarnos al set completo, pero nos esperaban los de inicios de los dos mil: Franz Ferdinand. Ellos también son parte del soundtrack de algunos recuerdos, y quiero creer que el de muchos millenials como yo, también. Esto lo intuyo porque de repente el photo pit se llenó de gente que no era -obviamente- un medio de comunicación, parecían más ganadores de alguna dinámica, si es poquito queja, porque gracias a esta aglomeración nos fue un poco complicado realizar nuestro trabajo de cobertura, más no imposible, sino vean las fotos que Mario pudo capturar (de las mías mejor no hablamos)

El show enérgico, de una banda entregada, un Alex que nos saludó en nuestro idioma “Buenas noches, chicos y chicas”, una vibra festiva, juvenil, llena de vitalidad, así fue la presentación de Franz Ferdinand que no nos quedaron a deber nada. Con Take me Out, sumamos a la lista de éxitos de la historia musical mundial escuchados en el transcurso del festival, y aún no finalizaba.

 

Era normal sentir cansancio, hambre, sed, ganas de tomar un descanso por unos momentos, y eso lo sabían perfecto los organizadores, por ello, nos proveyeron de stands de comida, barras de bebidas, lugares de descanso un área infantil en la que los más pequeños también fueron parte del festival y por supuesto, la otra mitad. Además de la música, éste presume de ser  un punto de encuentro de grandes artistas culinarios, quienes se encargaron de complacer el paladar de los que acudimos al Roxy Fest ¿ya ven cómo sí es un evento que disfrutamos con todos los sentidos?

El cansancio pudo un poco conmigo, así que decidimos disfrutar a Incubus desde un acogible lugar sentados en el pasto, pero con la hermosa vista del festival casi en su totalidad, las luces que adornaban ambos escenarios que fueron colocados uno al lado de otro, mientras escuchábamos el poder de Incubus, quienes a pesar de un fallo en el audio, que al parecer no notaron pues continuaron su show normalmente, nos regalaron otra experiencia muy mágica. Con la noche sobre todos los asistentes de Terraza Vallarta, y tras la fuerza de la presentación de los estadounidenses, el Roxy comenzaba a extinguirse, pero faltaba el último plato fuerte de la noche, y con tremenda fiesta.

LCD Soundsystem venía a regalarnos casi dos horas para disfrutarlas como quisiéramos, de pie, bailando, sentados, mientras bebíamos cerveza, con amigos, con nuestra pareja, tirados en el pasto, solos, las posibilidades eran infinitas y el espectáculo, de esos que erizan todo el cuerpo. El recibimiento por parte del público fue eufórico y ellos en el escenario respondieron de igual manera, entregando todo, siendo una digna cereza del pastel de un festival que sí nos estaba dejando un gran sabor de boca.

A pesar de las tantas horas de música, los ánimos no bajaban, todos seguían ahí a pesar de saber las consecuencias que vienen al día siguiente, pero no hay cansancio que borre las experiencias tan bonitas que regala el escuchar tus canciones favoritas en vivo.

El Roxy cumplió el cometido a pesar de las expectativas, Terraza Vallarta hizo lo suyo, las bandas fueron perfectas para la segunda entrega de un festival que no queremos que baje su status nunca.

En lo personal, estoy muy contenta y agradecida por tener eventos de este nivel en nuestra ciudad, que se atreven a seguir apostando por los clásicos, que saben cuánto valoramos aquellos músicos y agrupaciones que son la base para lo que hoy se crea, y demostrar que lo nuevo no se pelea con otras épocas. Una producción que no escatima en nada, pues dio tiempos de set completo, incluso a las bandas que por lo regular conocemos como “teloneras”, de hecho, hizo desaparecer un poco esa línea, porque todo el cartel era de nivel estelar.

Gracias por conjuntar épocas, por el viaje en cronologico desorden a través de los grandes temas de la historia musical, gracias por nacer y querer crecer en este estado. Ahora solo nos preguntamos:

¿Qué nos tienes preparado el siguiente año, Roxy Fest?

About Ana Karen
Aspirante a periodista por la UNAM. Enamorada sin remedio de la música tapatía.

Ana Karen

Aspirante a periodista por la UNAM. Enamorada sin remedio de la música tapatía.

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